Me resulta imposible no pensar en el ayer cuando debo tomar decisiones ahora, recurro a esa fuente de recuerdos y momentos para definir si acepto o rechazo, si camino o me detengo, si creo o no. Y si es así, está muy presente el colegio y toda la complejidad de personas que estaban ahí, que me enseñaron y compartieron. Amigos, profesores, compañeros, personajes, espacios, comidas, hitos, momentos, escenarios, reuniones, pruebas, libros, copias, descepciones, alegrías, emociones, juegos, etc. Es un revoltijo de imágenes, simbólos y sabores que se vienen cuando recuerdo el colegio.Muchas veces, a pesar de todo lo malo y crítico que ahora le encuentro, he pensado en volver ahí y revivir de nuevo ese partido en el recreo, esa clase de arte en "la parte antigua", o esa preparada actuación para la semana ignaciana, es que son demasiados los símbolos que están ahí y uno los toma sin cuestionarlo, sin tomarle el peso para el después. Es ahora cuando se vuelven presentes, porque para eso estaban dispuestos así, estratégicamente, para coartar nuestra voluntad, no de manera opresiva, de manera simbólica. Lo que es más difícil de deshacer y esquivar, al menos en mi caso.
Era todo más simple y eso extraño.
