Wednesday, December 17, 2008

Ese gesto de tenzar la piel que rodea la boca y que busca en los ojos cómplices iluminar por un momento esa vida que parece no tener pausas.

En ese instante colapsan los sentidos y recuerdos, se anulan los temores y fracasos. Cuerpo y alma se reencuentran, eclipsando a quien admira ese momento, a los otros.

Posee tanta fuerza que instintivamente los demás comienzan a imitar ese acto, sus ojos se cristalizan y la piel se eriza.

Son los primeros síntomas del remecer los sueños y anhelos, quizá de volver a creer o simplemente de seguir creyendo.

Es la sonrisa la que conmueve. Es la alegría que trae consigo lo que la vuelve tan deseada y contagiosa.