Ese gesto de tenzar la piel que rodea la boca y que busca en los ojos cómplices iluminar por un momento esa vida que parece no tener pausas. En ese instante colapsan los sentidos y recuerdos, se anulan los temores y fracasos. Cuerpo y alma se reencuentran, eclipsando a quien admira ese momento, a los otros.
Posee tanta fuerza que instintivamente los demás comienzan a imitar ese acto, sus ojos se cristalizan y la piel se eriza.
Son los primeros síntomas del remecer los sueños y anhelos, quizá de volver a creer o simplemente de seguir creyendo.
Es la sonrisa la que conmueve. Es la alegría que trae consigo lo que la vuelve tan deseada y contagiosa.
Son los primeros síntomas del remecer los sueños y anhelos, quizá de volver a creer o simplemente de seguir creyendo.
Es la sonrisa la que conmueve. Es la alegría que trae consigo lo que la vuelve tan deseada y contagiosa.

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